Nuestra lactancia materna

Ava tomando pecho

¡Hola de nuevo! ¿Qué tal? Pues hoy vengo a contaros los inicios de nuestra lactancia materna, que lo suyo tiene. Es un poco largo pero no he podido resumirlo ni explicarlo de otra forma. Allá va:

Así empieza nuestra lactancia…

No sé si sabéis que para un buen inicio de lactancia lo primero que hay que hacer (a no ser que algo lo impida, como por ejemplo una urgencia) es hacer piel con piel con el bebé tras el parto. Ahí se empieza a liberar la oxitocina, y todo comienza a rodar.

Bien, pues mi piel con piel con Ava duró escasos segundos. Recuerdo muy borrosa la escena. Se la tuvieron que llevar a neonatos así que el primer punto para la lactancia exitosa acababa de fallar.

Como el parto fue a las 3:05am, me llevaron a la habitación a dormir. No hubo estimulación al pecho de ningún tipo… A mí (con toooooodo lo que estudié sobre lactancia) no se me ocurrió pedir un sacaleches que suelen tener en los hospitales para empezar a estimular. Yo estaba agotada, mental y físicamente y sobre todo triste por estar separada de Ava.

Pude ir a verla por la mañana por fin, y uno de los propósitos era conseguir que se enganchase al pecho. Ella ya había estado tomando biberón en neonatos, así que lo que hacíamos era dárselo cada 3h pero antes intentábamos que se enganchase a la teta. Cuando se ponía demasiado nerviosa le dábamos el biberón y ya está. Era muy normal que se pusiese así ya que el flujo de leche salía mucho más fácil en el biberón y no tenía que currarse una succión eficaz como con la teta.

Allí en la sala de lactancia como la llamo yo me dieron por fin el sacaleches para poder empezar a estimular, así que me puse manos a la obra. Las copas se ve que no eran de mi talla y me hacían daño en el pezón. A parte me salía muy poco calostro (consecuencia de mala talla de las copas) y yo me ponía más nerviosa aun… pero lo poco que me sacaba se lo daban a ella. Cuando estaba yo sola en la habitación me encerraba en el baño e intentaba sacarme leche (sin éxito) solo por ver si estaba ahí y todavía me hundía más al no ver nada. Realmente me saqué leche muy pocas veces estando allí. Yo iba a esa sala cada 3h a ver a Ava y a darle el pecho, pero no sé cual fue el motivo de no usar el extractor, sinceramente no me acuerdo.

Ava aguantaba un par de minutos como mucho chupando en la teta… para mí era muy triste porque no había nada más en el mundo que me hiciera más ilusión que tener una lactancia exitosa.

Hasta que al final, una enfermera tuvo la brillante idea de coger una sonda junto a una jeringa de alimentación, y entonces lo que hicimos fue poner la leche en la jeringa, ponerle la sonda, enganchar a Ava en la teta y ponerle la puntita de la sonda por la comisura de la boca. Así ella veía que caía alimento y succionaba cada vez más. Fue mágico tenerla enganchada aunque fuese así. Tenía su cuerpecito pequeño y calentito mirándome mientras comía y eso era increíblemente bonito.

Y empezamos a suplementar así las tomas. Cuando ella terminaba de comerse los 30ml por sonda a veces incluso aguantaba un rato más succionando de mí, y poooooco a poco iba mejor la cosa.

Todas las enfermeras me ayudaron muchísimo, me alentaban a conseguir la lactancia, me daban ánimos y sobre todo esperanza. Recuerdo a una en concreto a la que le pregunté con un nudo en la garganta si creía que íbamos a poder conseguirlo y sin dudarlo ni un segundo me dijo que sí.

La pediatra y algunas enfermeras le valoraron el frenillo sublingual, me revisaron el agarre, la postura, y todo bien.

Por fin nos fuimos a casa.

El sábado le dieron el alta por fin (a mí ya me la habían dado pero seguí quedándome en el hospital) y nos fuimos para casa con lactancia mixta.

Menuda odisea… tocaba comprar leche de fórmula. ¿Pero CUAL? Pues a saber. Mi madre fue la que se encargó de ir a la farmacia. Ni siquiera había comprado un biberón, suerte que tenía alguno de las canastillas del embarazo. Al llegar tocaba darle la toma (aunque siempre es a demanda sea biberón o teta) y no había manera de que cogiese el pecho. Yo estaba histérica, era la primera vez que estaba con mi hija sin supervisión de nadie y os prometo que me pudo la ansiedad. Creo que si hubiésemos estado juntas desde que nació hubiese sido todo muy distinto. Pero no lo fue, así que me vi con una bebé en casa, sin saber como engancharla a la teta. Mi madre me ayudó a masajearme para que saliese más fácil la leche, mi suegra junto a Kevin preparando el biberón, Ava nerviosa… y si os digo la verdad ni recuerdo si se enganchó o no.

Llegó la temible noche y le preparamos su biberón, se lo tomó y lo vomitó entero. De ahí nos fuimos a “dormir”. Pongo comillas porque intentaba ponerla en la cuna y era llorar mucho, así que al final la cogí en brazos y dormí sentada. Sobre las 4am o por ahí preparamos otro biberón pero no lo quería de ninguna manera, y por probar le metí la teta en la boca y oye, ya no había niña. Se tiró enganchada todo lo que quedaba de noche y más. Así que yo superfeliz y encantada de la vida. Le preparamos algún biberón más pero no tomó ninguno, y seguíamos con tetita a tope. Los primeros días (semanas…) son bastante complicadillos porque es teta durante 24h y tú pasas a ser el segundo y tercer plano, pero era tan maravilloso tenerla enganchada que me daba todo absolutamente igual. Yo solo quería alimentarla.

Pues seguimos así, teta a tope y cero biberón y llegó el día de la revisión. Creo que ahí tendría una semana y pico y la revisión la tuvimos en el hospital. La desnudamos, la ponemos en la báscula y nuestra sorpresa fue que solo cogió 5gr desde el alta. Mi gozo en un pozo. ¿Como podía ser si estaba comiendo 24h al día?

La pediatra me dijo que no pasaba nada, que estaba hidratada, tenía buen color de piel, pipis y cacas bien, así que nos dijo que siguiéramos igual y cuando nos tocase ya nuestra pediatra pues a ver como iba el peso.

Yo me hundí un poco más, me sentía fatal porque no estaba engordando y no sabía cual podía ser la causa. Me salieron unas ampollas en los pezones que dolían horrores y cada vez que Ava se enganchaba era una tortura.

Hablé con mi matrón y fui una tarde a verlo para que me ayudase un poco con el tema de la postura, el frenillo, el agarre y demás. De paso pesamos también a Ava y vimos que ya había engordado un poco más, por lo que nos fuimos a casa más relajados y con las instrucciones de mucha teta.

Llegó la revisión de la pediatra, nosotros estábamos tal que así:

Yo: ¿Habrá engordado bien?

Kevin: Seguro que sí.

Pues no engordó lo deseable. Así que mi gozo en un pozo de nuevo. Me sugirieron dar biberón para la “ayudita” pero no quise. No me malinterpretéis, Ava estaba bien pero engordaba lentamente. Yo quería buscar e indagar donde estaba el problema. Era muy fácil para mí darle leche de fórmula pero no quería poner un parche al problema porque en cuanto volviese todo a la normalidad, el problema seguiría estando ahí.

Volví a consultarle a mi matrón para saber qué estaba pasando y me sugirió la idea de extraerme leche y suplementársela durante las tomas. Me prestó un sacaleches y en cuanto llegamos a casa empecé a usarlo.

Me sacaba muy poca cantidad, a veces 30ml, otras 10ml, 40ml, 50ml… cada 3h de día y de noche lo hacía un par de veces.

Pesamos a Ava otra vez y seguía siendo lo de siempre, engordaba lento.

En ese momento al llegar a casa me derrumbé entera… me pasé todo el día llorando, sin entender nada, solo miraba a mi pequeña Ava y me ponía a llorar. ¿Como podía ser con todo el esfuerzo que estaba haciendo a diario desde que nació? ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí? ¿Tan difícil era? Todas estas preguntas me rondaban en la cabeza a diario, sin tregua. Me sentía insuficiente para ella. Ese día estuvo enganchada a la teta sin ninguna interrupción durante 11 horas seguidas. Con todos sus segundos y sus minutos.

¿Qué estaba pasando?

Yo en Facebook estaba (y sigo estando) en algunos grupos de lactancia donde hay muchas profesionales y expliqué ya desesperada mi caso. Y de las primeras cosas que me pidieron fue “un video de tu niña llorando donde se le vea bien la lengua”. Y ahí estaba la anquiloglosia, ese frenillo tipo 4 que estaba interfiriendo a lo grande en nuestra lactancia.

Yo anteriormente descarté frenillo porque no se veía absolutamente nada. También más de dos profesionales me dijeron que no tenía frenillo por lo que yo confié en ellos, claro. Resulta que este tipo de frenillo es el más complicado de ver, muchos no saben ni que existe y me he dado cuenta de que hay una desinformación tremenda. ¿Qué habría pasado si le hubiésemos dado la “ayudita”? Que al quitarla, el frenillo seguiría estando ahí. El tipo 4 es un frenillo submocoso que no se ve, y lo que hace es que ancla la lengua y no le deja la suficiente movilidad para poder extraer bien la leche. La verdad es que yo siempre dije que notaba como si a Ava le faltase un poco más de fuerza al mamar, no sé, mi instinto me decía que algo no iba bien.

Añado que un frenillo no intervenido a tiempo puede acarrear muchos problemas en un futuro como por ejemplo problemas de masticación, habla, vegetaciones, respiración, etc.

Estuvimos en el grupo hablando un poco más y finalmente decidimos cortarlo. Pero la pregunta ahora era: ¿donde?

Si no supieron verlo en el hospital, ¿como se lo iban a cortar ahí? Pues en el grupo me sugirieron algunos profesionales de renombre que cortaban frenillos, porque resulta que no todo el mundo sabe hacerlo. Incluso muchos de los que cortan no llegan a hacerlo bien. Así que imaginaros el percal que teníamos, además que el tiempo se nos echaba encima porque Ava necesitaba empezar a engordar.

Podíamos elegir ir al sur de España, a Madrid o Barcelona. Yo elegí el sur porque hablaban muy bien de una pediatra especializada en anquiloglosia además de ser prolactancia.

Cuando comenté con el matrón lo que iba a hacer, fuimos otra vez al centro de salud y me dijeron que no hacía falta irse tan lejos, que mismamente en la ciudad de al lado había una asesora que hacía lo mismo. Entre que yo estaba puérpera perdida, triste y desesperada, acepté ir. Solo quería que se solucionase cuanto antes.

La asesora de lactancia nos vio enseguida, estuvimos hablando y fue muy reparador a nivel emocional el poder hablar con alguien que te entendiese al 100%. Con Kevin yo me desahogaba todos los días, me ayudaba, pero él nunca podría ponerse en mi piel.

Allí me valoró la postura, el agarre, y finalmente vió que tenía un “poco” de frenillo y me envió a un otorrino a que se lo cortase. Me dijo que ese hombre ya había cortado muchos, que siempre salía bien.

Tras salir de la consulta nos fuimos a ver al otorrino y nada más tumbar a Ava en la camilla para verle la boca confirmó en un par de segundos que tenía un tipo 4. Nos miró y preguntó: “¿se lo cortamos?” Y yo me aparté, no podía soportar verlo, y Kevin fue el que se quedó cogiéndole la mano a Ava. Enseguida le hicieron el corte y la cogí en brazos para calmarla. La herida a penas sangró y pude ponerla al pecho a mamar. Noté la diferencia enseguida.

Nos dió una hoja donde explicaba los ejercicios de rehabilitación post frenectomía lingual que debíamos hacerle en el corte para que cuando cicatrizase la herida lo hiciese bien y no se volviera a pegar.

El drama… ahora resulta que tenía que estar hurgando en su boca para tocarle la herida a mi bebé.

Ava seguía haciendo sus tomas interminables y fui a pesarla otra vez y… ¡tacháaaan! ¡Engordó 160gr, genial! Pues ya estaba resuelto el tema.

Pero no, ni de lejos.

Ava seguía engordando a un ritmo similar, aunque cada vez lo hacía un poquitiiiito menos. Seguía haciendo tomas largas, a lo que yo supuse que seguía habiendo frenillo. Volví a llamar al otorrino y nos vimos 15 días más tarde, donde nos dijo que seguía teniendo un poco y le dio el segundo corte y la misma rutina de ejercicios. En poco tiempo se hizo verano ya, y todo seguía igual. Mi vida era literalmente tener a Ava todo el día en la teta, no había descanso ninguno a no ser que fuese para dormir.

Nos cambiaron la pediatra en nuestro crentro y nada más ver a Ava nos dijo literalmente: “De peso va francamente mal. Si no sube de peso tendré que derivártela al hospital a que la miren”. “No tienes leche”. “Tu pecho tarda 1h y media en volver a llenarse”. Todo tonterías. Me hizo sentir fatal, como que mi trabajo no servía para nada y que la niña estaba desnutrida. Ava estaba delgada pero sobre todo estaba sana.

Tras ese disgusto y todos estos meses frustrados, lamenté no haberme ido al sur como quise en un primer momento. De hecho sigo lamentándolo no sabéis cuanto.

Decidimos contactar con otro médico.

Llegó agosto y ya hartos de todo esto tomamos la decisión de ir a ver a uno de los mejores médicos de España sobre anquiloglosia a Barcelona (es pro lactancia materna y pediatra), y allí que fuimos los 3 a ver a Luis Ruiz que es amigo de Carlos González.

Trató a Ava con muchísimo cariño, nos tranquilizó, me ayudó con la lactancia, y se puso a mirar el frenillo. En un principio estaba algo reacio a cortar porque no estaba muy convencido, pero finalmente decidimos dar el paso y ver si este corte sería el definitivo.

Tras cortar nos dijo que tenía un frenillo enorme bien escondido, que el que se lo cortó antes no llegó a tocárselo a penas, por eso seguía mamando tantas horas.

Nos fuimos con indicaciones de volver a hacer los ejercicios cada 2h durante 2 meses seguidos. Fue una auténtica locura. Ava tenía un corte tremendo debajo la lengua, ese día estuvo llorando muchísimo y no había manera de calmarla.

No os voy a mentir, era horroroso hacerle los ejercicios. En cuanto veía que se acercaba el dedo cerraba la boca como un pez y lloraba muchísimo, se me partía el alma.

A la semana siguiente volvimos a ir a la revisión y le dió el visto bueno. Me recetó un galactogogo para aumentar la prolactina y en consecuencia la producción de leche. Porque adivinad… mi producción estaba baja. Es triste que Ava estuviera 24 horas en la teta (sin exagerar) y no pudiese aumentar la producción. Porque eso es lo que hacen los frenillos, no dejar que haya buena producción por no poder extraer bien la leche. Así que sacaleches doble en mano sumando una bebé de 4 meses que quiere teta durante todo el día. Rutina de sacaleches cada 2h de día y 3h de noche y suplementando con lo que conseguía extraer, y la impotencia de ver que sale poco aunque ya sabemos que eso no determina la producción que tienes…

A la hora de volver a pesarla vimos que aun ganaba menos peso que antes de cortar, y yo ya no sabía ni donde meterme, ya veía que al final del túnel no había ninguna luz esperándome y ya estaba imaginando que nuestra lactancia terminaba aquí. Yo poco más podía hacer, o mejor dicho nada. Contacté con las chicas de LactApp (una aplicación donde hay asesoras de lactancia materna, entre ellas Alba Padró) también, y ellas mismas me dijeron que ya estaba haciendo todo lo posible.

Yo seguía en contacto con Luis y me dijo que era normal, que los bebés tenían que volver a acostumbrarse a su nueva lengua y reaprender a mamar y eso a veces tardaba incluso un mes.

Pero es que el mes pasó y Ava seguía igual. Ya por esas fechas fuimos al hospital a digestivo por su alergia a la PLV (que me da para otro post), nos valoró a la niña y nos dijo que la veía bien, que yo estaba haciéndolo genial, y que pocas madres habrían luchado tanto por darle leche materna a su bebé. Os prometo que casi me pongo a llorar allí. Era la primera persona sanitaria que me daba la enhorabuena por luchar por nuestra lactancia. Finalmente nos dio de tiempo un mes para ver si remontábamos y si no pues deberíamos empezar a darle un suplemento de leche artificial. Yo ya deseaba dárselo, en parte necesitaba quitarme un poco de carga de encima.

Ava no engordó demasiado, así que de la siguiente visita nos fuimos con la leche artificial recetada. Y Ava empezó a ponerse en modo bolita rellena total jajajaja. Y aquí seguimos casi 5 meses después dando suplemento con una sonda porque mi producción sigue baja.

Pero esto no termina aquí…

Voy a intentar relactar… voy a intentar subir mi producción con sacaleches mientras retiro fórmula poco a poco, a ver si lo conseguimos. Tengo bastante esperanza porque parece que Ava mama mejor, no le salen los hoyuelos en las mejillas que eran indicativo de frenillo por intentar compensar la succión.

Han sido 5 meses muy intensos… Ava enganchada al pecho todas las horas que estaba despierta, sin tregua ninguna. Todo esto sumando el hecho de que tenía presión por la pediatra, y por alguna gente más. Pero lo que peor llevaba es que Ava a pesar de estar mamando todo el día no engordase mucho. Pero ya estamos muchísimo mejor, es un culo inquieto que sigue adorando la teta.

Espero que os haya entretenido un rato leerlo, para mí esto es un desahogo tremendo.

Si deseáis una LME, luchad, informaros, empoderaros, luchad contra viento y marea. Yo mil veces deseo tirar la toalla pero es que veo su cara cuando está mamando y se me pasa. Es nuestro momento, solo nuestro y no lo cambio por nada.

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