Mi postparto

Ava con mamá piel con piel

Hola, ¡bienvenidos a mi blog una vez más! Hoy vengo a hablar sobre mi postparto, algo de lo que no se suele hablar mucho y es tan importante como un embarazo o cualquier tema relacionado con la maternidad. Creo que hablar de esto puede dar un poco de visibilidad y hacer que sea menos tema tabú.

El postparto no es solo físico.

Se habla de postparto a la famosa cuarentena o al sangrado, pero no se tiene en cuenta practicamente nunca la estabilidad emocional de la madre. Durante el embarazo se sufren muchísimos cambios hormonales que tienen que volver a estabilizarse en cuanto se da a luz. Esto puede desbordar a la madre o a la pareja, que se ven con un bebé a su cargo 24 horas al día…

No sabes si los ruiditos que hace son normales, que si duerme mucho, que si duerme poco, que si está mucho rato sin mamar o sin tomar biberón, las temibles noches…

Como ya os dije en otros posts, Ava tuvo que estar en neonatos, por lo que cuando ya nos dieron el alta yo me vi perdida. No tuve la ocasión de conocerla bien durante esos primeros días, no tuvimos el suficiente contacto físico y me vi superada en cuanto llegué a casa.

Unos días antes salimos de allí siendo dos y volvimos siendo tres… lo que venía siendo la mayor responsabilidad de nuestra vida.

La llegada a casa fue complicada.

Recuerdo que me derrumbé en cuanto llegamos a casa. Sabía que era normal llorar y sentirte perdida ya que me informé acerca de ello y lo hablamos en las clases de preparación al parto y postparto, pero por mucho que hayas leído… la realidad es que nadie te prepara de verdad para este momento.

Estaba muy agobiada, por dentro tenía un nudo gigante que no se deshacía nunca. Ava era tan pequeñita, tan dulce… En la mano tenía un hematoma y varios pinchazos que le hicieron cuando estuvo en neonatos y me rompía el corazón vérselo y pensar que yo no estuve allí con ella para darle todo mi cariño y todo mi amor.

Yo quería ser feliz en ese momento, y en gran parte lo estaba, pero algo me frenaba.

De vez en cuando Ava hacía ruiditos con la boca y eso me daba muchísima ansiedad porque no sabía si era normal o si era que algo le molestaba, o si tenía hambre, o qué.

Llegó la noche y afloraron todos mis miedos. Durante el embarazo me daba mucho miedo la muerte súbita y cuando dejé a Ava en la mini cuna para dormir yo no estaba tranquila, no dejaba de tocarle la barriga para ver si seguía respirando. Ella la verdad es que ahí tumbada no aguantaba practicamente nada, así que la cogí y pasé la noche medio sentada con ella en brazos y con la teta fuera.

Durante el día no lo pasaba tan mal, casi siempre era cuando llegaba la noche.

El colecho fue la mejor opción.

La segunda noche todo mi cuerpo me pedía a gritos que la cogiese, que la cuna no era su lugar, así que decidí meterla con nosotros en la cama y fue mano de santo para que pudiesemos descansar bien los tres.

Y así fueron pasando los días, hasta que en la revisión de Ava descubrimos que estaba engordando poquito.

Creo que ahí empecé a derrumbarme de verdad porque yo deseaba con todas mis fuerzas tener una super lactancia y no parecía que estuviese fluyendo demasiado. Empezaron a caerme comentarios sobre biberones, y cosas varias que sé que decían con toda su buena intención pero que no ayudaban.

Con la lactancia he sufrido mucho, muchísimo, y quizás penséis que en parte haya sido “culpa mía” el haber estado así por haber insistido tanto pero solo se podrá poner en mi piel quien haya pasado por lo mismo que he pasado yo.

Han sido meses de teta muy intensos, médicos, frenectomías y revisiones, pero ahora echo la vista atrás y sé que volvería a pasar por lo mismo por ella.

(Aquí os dejo el post de la lactancia y toda nuestra historia https://strawleli.com/nuestra-lactancia-materna/)

Probablemente si el tema lactancia materna hubiese ido bien desde el principio yo creo que no lo habría pasado tan mal durante el post parto, pero fue lo que me tocó vivir a mí y así os lo cuento.

El tiempo lo pone todo en su lugar.

Según pasaban los días me iba encontrando un poco mejor, Ava y yo estábamos creando un vínculo mágico en el que me hacía entender a la perfección qué es lo que quería o necesitaba en cada momento.

Empecé a tener más ganas de salir fuera a que nos diese el aire y a relacionarme con la gente, porque el primer mes no me apetecía saber nada de nadie.

La verdad es que estos sentimientos son más habituales de lo que nos creemos, pero como está tan metido en la sociedad que una mujer al parir debe ser la persona más feliz del mundo, a veces cuesta contar que una se siente triste, bien por miedo o culpabilidad.

Nos podemos sentir tristes y cansadas a la vez que felices, no son sentimientos incompatibles. Podemos ser las más felices del mundo por tener por fin a nuestro bebé y sentirnos mal, agobiadas y con miedo. Y sentirse así está bien. Es algo pasajero, son las dos caras de la moneda del postparto y cuando no nos demos cuenta ya habrá pasado todo.

Hay días en los que todo se te viene encima.

A día de hoy teniendo Ava 9 meses yo sigo teniendo momentos de debilidad. Hay días que me superan y no puedo más. Días en los que pienso que si no fuese madre podría tirarme en el sofá a ver la tele sin tener que preocuparme de nada más. Y un defecto que tenemos las madres es que nos sentimos culpables por todo. Nos sentimos culpables por querer y necesitar un momento para nosotras, pero ese ya es otro tema.

Si hay alguna futura madre leyéndome quiero decirle que todo pasa, que la vida como mamá es maravillosa y que si cree que necesita ayuda que no lo dude y que la pida sin miedo a ser juzgada.

Y TÚ…

¿Como te sentiste en tu postparto?

¡Sígueme en mis redes sociales!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *