Mi parto provocado

Parto: La puerta de la habitación de maternidad

¡Hola a todos! Por fiiiiin puedo escribir. Han pasado casi 8 meses desde el día del parto y he pensado cada día en sentarme a escribir esto pero no había manera. Si me seguís en redes sociales sabréis que Ava es un bichillo y no me da la vida para mucho.

Os dejo mi post de cómo me enteré de que estaba embarazada por si queréis leerlo.

A partir de ahora espero poder publicar por aquí más veces, la verdad es que tengo muchas ganas.

Así que bueno… allá va nuestro cuento:

Preparativos y dilatación

Hacia finales del embarazo empecé a tener la tensión un poco alta, así que mi matrón me dijo que empezase a controlármela 3 veces al día. Cuando la tensión pasaba de cierto punto tenía que ir a urgencias a que me pusieran monitores y confirmar que Ava estuviese bien.

La noche de mi fecha probable de parto (23/04/2019) me tomé la tensión como cada día y la tenía bastante elevada, así que decidimos esperar media hora para ver si remitía y no hacía falta ir al hospital, pero en vez de bajar lo que hizo fue subir. Con un nudo en el estómago cogimos la bolsa del hospital de Ava, la nuestra y nos fuimos. Al llegar entramos a monitores sobre la 1 am, me dijeron que la niña estaba estupenda y además mi tensión iba bajando. Después me pasaron a otra sala donde estaba la ginecóloga para que me hiciese una ecografia. Me preguntó si había notado alguna pérdida de líquido y le dije que no estaba segura, porque con la pedazo barriga apretándolo todo yo ya no sabía si era líquido o qué. Por descartar me hicieron una prueba donde se vería si había fisura de bolsa y salió bien.

Bueno, pues después de terminar con la ecografía y demás nos sentamos para hablar con la ginecóloga y lo primero que dice es: “mañana ingresas a las 8.30am para provocarte el parto”. Me quedé helada. Ni se me pasó por la cabeza que existiese la posibilidad de ingresar en unas horas. Me giré, vi a Kevin y estaba flipando como yo. Resulta que Ava tenía el líquido amniótico justo, y como yo estaba cumplida y tenía el problemilla de la tensión pues decidió provocarlo. No os podéis imaginar lo que me entró por el cuerpo.

Salimos de allí sobre las 2 de la madrugada, avisamos a la familia y nos volvimos a casa.

Yo no podía dejar de llorar, estaba fatal fatal, no dejaba de tocarme la tripa para intentar calmarme pero no había manera. Me sentía culpable por acelerarle a mi hija el proceso de parto y no respetar su ritmo natural… La notaba moverse dentro de mí y aun me sentía peor.

Esa noche fue muy dura para mí, para nosotros. Iba a ser la última noche que íbamos a pasar solos y me dio mucha pena. Conseguimos dormir un poco, un par de horas quizás, y cuando nos despertamos nos dimos una ducha, nos hicimos la última foto en el espejo que vio crecer mi tripa durante nueve meses y nos fuimos para el hospital. Yo la verdad es que ya estaba un poco más animada porque por fin después de taaanto tiempo iba a conocer a mi bolita rellena.

Nada más llegar me dan la bata del hospital para que me cambie, me ponen la pulserita en la muñeca que me iba a acompañar esos días estando allí y me llevan a monitores. El plan era ponerme cuatro pastillas vaginales (prostaglandinas) ese día, una cada 4 horas, y al día siguiente empezar con la oxitocina. Así que a las 9 de la mañana me ponen la primera para borrar el cuello del útero y empezar el trabajo de parto. Pregunté si de normal esto solía funcionar o lo más habitual era esperar hasta la mañana siguiente para la oxitocina y me dijo que algunas mujeres sí que se ponían de parto solamente con las pastillas… así que aun quedaba esperanza!!

Bueno, pues sobre las 12 del mediodía subimos a la habitación a instalarnos y a esperar a que me sirviesen la comida, una fideuá que por cierto estaba riquísima, mientras yo seguía estando enterita y sin síntomas de parto. Creo que me dio tiempo a terminar de comer y vinieron a buscarme a las 13 para ponerme la segunda pastilla, estuvimos en monitores otro rato y otra vez a la habitación. A todo esto, antes de cada pastilla me hacían un tacto para ver como iba la dilatación, y cada vez iba borrando un poco más de cuello. Intentamos descansar un poco porque nos esperaba una noche larga, hasta que se hicieron las 17 y volvieron a por mí para la siguiente dosis. Yo seguía fresca como una lechuga, solo notaba que se me ponía la tripa dura como con las contracciones de Braxton Hicks y ya está, sin dolor.

Lo bueno es que cada vez que me hacían el tacto iba borrando el cuello del útero un poco más pero yo sinceramente pensaba que ni de coña iba a dilatar tanto como para parir ese día.

Empieza el parto

Vinieron a vernos por la tarde mi madre y mi tía y estuvimos hablando hasta que mi tía se fue porque eran casi las 21 y a mí me tocaba ya la última pastilla. Kevin salió fuera de la habitación para hablar por teléfono y me quedé a solas con mi madre. Fui al baño a hacer pis, y cuando salí a los 15 segundos dije “como puede ser que me esté volviendo a mear” y mientras volvía al cuarto de baño empecé a notar como me bajaba líquido por las piernas como si me estuviese meando. Madre mía. Había roto aguas.

Menos mal que no estaba sola en ese momento, porque lo único que hice fue quedarme quieta sin moverme mientras seguía bajándome el líquido. Mi madre estuvo rápida y enseguida avisó al personal así que vinieron a por mí y no hizo falta poner la última pastilla porque aquí era cuando empezaba lo bueno de verdad. Unos dolores… Sin tregua. Fuertísimos. Por describirlo de alguna manera era como tener la regla de millones de mujeres juntas. Cada vez más contracciones, más intensas y cada 2 minutos.

La matrona que me estaba atendiendo en el parto me dijo que los partos provocados generalmente suelen doler más y que las contracciones son más intensas, aunque yo no tengo ni idea. Yo solo sé que aguanto muy bien el dolor pero eso era insoportable. La tripa la tenía más dura que nunca, una cosa increíble. Probé a sentarme en la pelota de pilates para intentar soportar mejor las contracciones pero aun me dolía más, así que al final las contracciones las pasaba estando de pie apoyando las palmas contra la pared y moviendo mi cuerpo como si estuviese bailando lento. Algo que me ayudó mucho fue pensar que yo iba a poder con los dolores, que eran parte de mí, que una contracción más era una contracción menos, y acompañé el dolor sin luchar contra él.

Me dijeron de ponerme la epidural (por fin) sobre las 23 estando dilatada de 3 cm y ni me lo pensé. La anestesista fue super maja, explicando paso por paso lo que me iba a hacer. Fue bastante difícil no moverme mientras me pinchaban en la espalda porque al mismo tiempo estaba con unas contracciones bestiales.

Bendita epidural. Qué descanso. Seguía teniendo contracciones pero yo ni las notaba. Me tocaba la tripa y estaba muy muy dura pero no sentía nada de dolor.

A partir de ese instante ya nos quedamos en paritorios, me pusieron un poco de oxitocina y nos bajaron la intensidad de la luz para que pudiésemos descansar un poco mientras yo seguía dilatando, ya que pensaban que esto iba para largo y que seguramente daría a luz por la mañana, y la verdad es que algo sí que descansamos.

Al rato cuando entró otra vez la matrona y le dije que notaba un poco de presión por abajo, me hizo un tacto y ya estaba de 5 cm. Un poco después notaba aun más presión y estaba de 7-8 cm. Veinte minutos después ya estaba de 9-10 cm y yo notaba ya mucho dolor y como que algo me hacía mucha presión hacia abajo. La matrona dijo que podían pasar hasta 2 horas para terminar de dilatar del todo y que el cuerpo del bebé estuviese ya encajado para poder salir. Pues 10 minutos después ya estaba empujando y la matrona flipando porque todo fue muy rápido.

La epidural hacía que no notase el dolor de las contracciones pero lo que eran las ganas de empujar y el dolor del parto en sí lo noté todo. Cada empujón. Recuerdo que mientras empujaba me sudaban mucho las manos de tanto agarrarme, había una mujer que no paraba de soltar chistes, otra animando… Pude tocar la cabecita de Ava entre contracción y contracción y la sensación fue notar una cosita caliente, con pelo y mojada. Kevin sujetó un espejo delante de mí para que yo pudiese verme y ver como Ava poco a poco estaba más fuera que dentro… alucinante.

Recuerdo que nunca llegaba el último empujón, el definitivo, el que me separaba de mi niña. Hasta que llegó. Ava sacó la cabeza y vi como enseguida le cortaron el cordón umbilical y empecé a asustarme. Me la pusieron piel con piel unos 10 segundos y enseguida la pasaron a una cunita que había al lado de mi camilla porque lloraba entrecortada. Vi como la atendían delante de mí y yo solo podía mirarla con la impotencia de querer cogerla y no soltarla. Al final se la llevaron a neonatos y allí descubrieron que tenía fiebre, seguramente se la había pasado yo durante el parto, ya que me subió a 38 y pico y ni me enteré.

Del parto en sí recuerdo algunos trozos, algunos borrosos y otros no tanto.

Después expulsé la placenta y me pusieron unos cuantos puntos por unos mini desgarros.

El parto ha sido maravilloso, bonito, doloroso, alucinante, mágico, especial, aterrador y sin duda la experiencia más salvaje de mi vida. Te conviertes en una leona capaz de todo para traer a tu cachorro al mundo. Increíble, sin más.

No existen palabras para describir lo que se siente al ver a tu bebé por primera vez. Es lo más maravilloso del mundo. Cuando la vi me impactó muchísimo que esa cosita tan pequeña acabase de salir de dentro de mí.

Ava vino al mundo el día 25/04/2019 a las 3:05am pesando 3,380kg y midiendo 49,5cm.

Os animo a las que aun estáis esperando la llegada de vuestro bebé, no tengáis miedo porque es maravilloso… Estamos nueve meses preparándonos para este día en el que vamos a conocer al gran amor de nuestra vida y somos más que capaces. Vaya si lo somos.

Espero que os haya gustado este pedacito de mí, escribir esto me ha removido muchas cosas y lo comparto con vosotros con mucha ilusión y orgullo. Mi niña es una campeona, y si me permitís decirlo… la verdad es que yo también.

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